martes, 16 de agosto de 2011


Violeta se fue a los Cielos




Entrevista a Andres Wood

–¿Qué aspectos de la vida de Violeta Parra retrata la película?

–El libro de Angel es el andamiaje. Evidentemente todo queda corto con Violeta. Uno piensa que llegó a algo y no, tenía cuatro alternativas más. Abre una puerta y se abre otra. Decidimos fragmentar la historia, contar episodios: la entrevista, su proceso de recopilación del folklore y su mundo interior. Su música, su plástica, su vida misma constituyen un material muy noble de esculpir. Puede ser duro, difícil, que no les guste a muchos, inabarcable en una película, pero es un privilegio. Hay episodios de su infancia, su madurez, sus amores, su obra, y ese último momento en que ella construye la carpa, con el sueño de hacer una universidad del folklore. Ahí es donde muere.

–Las biografías dicen que estaba desilusionada con el trato del público chileno.


–Fue reconocida pero no como se lo merecía. Se impuso tareas titánicas que efectivamente eran difíciles de cumplir. Por ejemplo, esta carpa quedaba en un lugar alejado, no había locomoción ni buses. Entonces sentía que no tenía el apoyo que tenía que tener. Pero es muy complejo decir qué la lleva a matarse. No me atrevo a tener una razón particular de su muerte. Decepciones de amor, la sensación del no reconocimiento, del cansancio; cosas que les pasan a los grandes artistas, esa sensación de no llegar. Para ellos, la vida es mucho más que una canción. Quería lograr la perfección, pese a que voló muy alto.

–¿Conversó mucho con Angel Parra para llevar a cabo el film?


–Sí. Me contó anécdotas y más que eso. Aportó un libro, ni más ni menos. Y un acompañar la película hasta ahora. Es una película muy colectiva y a la vez muy personal.

–¿Qué imágenes buscó en París? ¿Y qué lo trajo a Buenos Aires?


–París fue un lugar importante para Violeta por muchas razones. Como suele ocurrir, en vida fue tomada en cuenta más afuera que adentro. Y también porque desarrolla parte de su trabajo plástico de forma muy interesante. Tuvo una exposición emblemática en el Museo de Arte Decorativo del Louvre. Tengo entendido que es la única artista chilena que ha hecho eso. Era una artista completa, especial, genuina y propia, y a la vez muy universal. Finalmente, llegué a Buenos Aires pensando que acá podía haber imágenes en movimiento de Violeta. En Chile no había casi nada. Pero acá tampoco tenían.

–¿Qué piensa de eso?


–En Chile no existía la capacidad de grabación, a no ser que fuera hecho en fílmico. Pero además, cuando se empezó a grabar, se reciclaba o se botaba. La desi-dia y el desorden hacen que uno vaya perdiendo memoria. Para nosotros es fuerte: perdemos memoria patrimonial por los terremotos o porque los archivos importantes fueron quemados por los militares.

–Usted era muy chico cuando murió Violeta. ¿Qué significó ella para las generaciones posteriores?

–Tenía un año cuando ella murió, en 1967. Dejó un gran legado que es tomado por muchos músicos, particularmente por su hijo y por Víctor Jara. Acá también. Hay todo un sueño de ella que se quiebra con las dictaduras militares. Nuestros partidos de izquierda la encontraron muy avanzada. Sus canciones, algunas muy políticas, pasan a ser muy modernas, incluso hoy. Ella habla de los mineros: con todo lo que vivimos el año pasado, esa canción parece escrita para eso. También habla del conflicto mapuche. Sin ser un ente que vivía para la política, era muy política. Violeta está presente en muchas generaciones y me interesa ayudar a extender ese contacto.

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http://cinealsur.blogspot.com/2011/02/el-realizador-chileno-andres-wood-habla.html
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